LAS CLASES CREATIVAS

El término de clases creativas es usado para designar a todos aquellos trabajadores del diseño, la ilustración, el arte, la arquitectura, la cultura, la música, la tecnología, la ingeniería y hasta la biotecnología o la medicina. Cualquier tipo de trabajo que pueda encajar dentro del preciado, popular y ambiguo mantra de la creatividad.

” Una isla creativa ocupada por empresas y profesionales de la industria que ha sido escenario de un diverso abanico de acontecimientos en las áreas de la moda, publicidad, comunicación, multimedia, arte, arquitectura, música, etc… generando una dinámica que ha atraído a innumerables visitantes a redescubrir esta zona de Alcántara.” Así definen a LxFactory, ubicada frente a la estación de tren de Alcántara y con unas inmejorables vistas al río Tajo y al puente 25 de Abril. Un espacio que pretende contribuir a revalorizar esta zona de Lisboa mediante el discurso de las clases creativas y obtener así un mayor beneficio económico del suelo.

El término de clases creativas es usado para designar a todas aquellas personas profesionales del diseño, la ilustración, el arte, la arquitectura, la cultura, la música, la tecnología, la ingeniería y hasta la biotecnología o la medicina. Cualquier tipo de trabajo que pueda encajar dentro del preciado, popular y ambiguo mantra de la creatividad, tan valorado en nuestras sociedades.

LXFactory, Lisboa.

Este concepto, ha sido utilizado e impulsado, entre otros, por Richard Florida, famoso a raíz de la publicación de su libro “The Rise of the Creative Class” y que ha sido una de las figuras visibles dedicada a influenciar, tanto a políticos, como al público en general, para promover cambios en las ciudades. Como estos profesionales tienen salarios más elevados y realizan un consumo superior al resto de la clase trabajadora, Richard Florida sostenía que las ciudades debían abrirse y hacerse atractivas para que este grupo de personas quisieran instalarse en ellas y, sirvieran así, con su modo de vida, de motor económico para la ciudad. Este discurso encaja perfectamente con los intereses de los empresarios y políticos centrados en hacer negocio y que ven en él una justificación ideal para maximizar beneficios. En esta sociedad, donde la apariencia es fundamental para el consumo, la idea de la creatividad es la reina para cualquier argumentación.

LXFactory, Lisboa.
” Village Underground es una incubadora creativa certificada, una comunidad de coworking y un destino de eventos creativos. Su estructura arquitectónica única está hecha de contenedores y autobuses de dos pisos reciclados en oficinas, una cafetería y una sala de conferencias. Un hito en el paisaje de Lisboa, Village Underground es el hogar de una nueva comunidad creativa” Así describen, desde su página web, este espacio de coworking ubicado en las instalaciones del museo del ferrocarril, justo debajo del puente 25 de Abril.
Lisboa0417-222

Como estos profesionales tienen salarios más elevados y realizan un consumo superior al resto de la clase trabajadora, Richard Florida sostenía que las ciudades debían abrirse y hacerse atractivas para que este grupo de personas quisieran instalarse en ellas y, sirvieran así, con su modo de vida, de motor económico para la ciudad.

Este discurso encaja perfectamente con los intereses de los empresarios, políticos y especuladores centrados con hacer negocio y que ven en él una justificación ideal para maximizar beneficios.

Aunque el discurso de las clases creativas funciona bien para vestir cualquier barrio y hacerlo más apetecible (más rentable se entiende), es en los barrios marginados de zonas centrales de la ciudad y núcleos históricos, habitados por personas de clase trabajadora con pocos ingresos, donde más se nota su efecto. La situación de estos barrios en entornos privilegiados y céntricos, los sitúa como objetivos prioritarios para los especuladores. La forma de hacer es muy parecida en todas las ciudades (resumen adaptado del libro de Manuel Delgado “La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del modelo Barcelona”). Primero se empieza por desatender las necesidades del barrio, se deja de invertir en equipamientos necesarios para el desarrollo saludable de la vida y se permite que se vayan degradando. Es entonces cuando empiezan a aparecer campañas de comunicación, de la mano de medios afines, hablando de la precariedad de la zona mientras se estigmatiza a sus habitantes y se habla de la necesidad de reformarlo. Se crea una alerta social y se prepara a la población de la ciudad para que entienda necesaria una intervención que “higienice” (palabra usada para justificar el desplazamiento de la pobreza) la zona.

Bangkok Art and Culture Centre en Bangkok (BACC)
Interior del Bangkok Art and Culture Centre en Bangkok (BACC), inaugurado en 2008 y uno de los primeros centros abiertos para intentar estimular la escena artística de la ciudad

Aunque el discurso de las clases creativas funciona bien para vestir cualquier barrio y hacerlo más apetecible (más rentable se entiende), es en los barrios marginados de zonas centrales de la ciudad y núcleos históricos, habitados por personas de clase trabajadora con pocos ingresos, donde más se nota su efecto.

Es aquí donde aparece un plan diseñado para acabar con esta situación de precariedad y reformar la zona que, casualmente incluye un centro cultural como estrategia dinamizadora de regeneración urbana. Se crea así un entorno urbano ideal para atraer, entre otros, a las preciadas clases creativas que centraran su vida en torno al consumo cultural mientras modifican el barrio, que se va adaptando a sus intereses. En este contexto se produce la famosa gentrificación, término usado por primeva vez a finales de los años sesenta por Ruth Glass para explicar el desplazamiento de las clases medias acomodadas (Gentry) desde las urbanizaciones de la periferia de las ciudades al centro y que, actualmente, se usa para explicar cualquier situación en la que la población local es sustituida por una población con mayor poder adquisitivo.

La llegada de estas nuevas clases, de mayor poder adquisitivo, producen el desplazamiento de la población original. Un proceso conocido con el nombre de gentrificación.

Grabación de un anuncio frente al Bangkok Art and Culture Centre(BACC)

Los posicionamientos a favor de estos profesionales no cuestionan en ningún momento el porque de sus salarios más elevados ni la idea del trabajo en si en nuestra sociedad.

Así que ahora, en nuestro nuevo barrio, recién adaptado a nuestros gustos y necesidades (y los gustos de los especuladores), podremos ir a una cafetería a deleitarnos con sus muffins, tartas o alguna variedad de dulce exótico traído de la otra punta del mundo mientras nos tomamos un batido de frutas o un café frappé durante un brunch. Luego podremos darnos una vuelta y mirar las nuevas y modernas bicicletas o skates que vende la tienda donde antes estaba el taller de reparaciones, ojear las nuevas colecciones de diseño y ropa vintage de jóvenes creadores cerca de la antigua sastrería e ir a comprar algo de comida bio, veggie o delicatessen en la tienda de la esquina. A la hora de comer nos acercaremos a probar uno de los modernos restaurantes de diseño cuidado y platos sofisticados, a imitación de lo que marcan los grandes gurús de la restauración y luego, iremos a cuidar la línea con un poco de crossfit en el gimnasio o de running por el parque. Y si no nos apetece tanto ejercicio, siempre es buen momento para una clase de cerámica donde estaba la tienda de fontanería o una sesión con nuestro coach motivacional justo antes de ir a que nos recorten la barba y nos dejen perfectos para la inauguración de la exposición que hay en la galería de al lado de casa o, incluso, para tomar un cóctel afterwork mientras hacemos un poco de networking.

Equipo de rodaje grabando un anuncio en Barrio Alto, Lisboa.
Albert Adrià en Tickets, uno de los 5 restaurantes que tiene en la zona del Paralelo de Barcelona. Fotografía realizada para Ryan Air Magazine.
Max Colombo en su restaurante de comida italiana Xemei, en el barrio del Paralelo de Barcelona. Fotografía realizada para Vanity Fair.
Ramón Freixa en el restaurante de dos estrellas Michelin que tiene en el Hotel Único de Madrid. Fotografía para la revista Easyjet.
Jan Martí, editor de Blackie Books, editorial independiente ubicada en el barrio de Gracia de Barcelona. Fotografía realizada para la revista Esquire.

Nuevos vecinos, nuevos usos y, como no, nuevos lenguajes para designar una realidad centrada en el consumo individualista con fachada “cool” mientras se esconde lo que de verdad está ocurriendo: un desplazamiento de la población con menos poder adquisitivo. Tal como comenta Otilia Arantes: “lo que importa en todo esto es siempre determinar quién se va y quién entra” (citada en el libro “Mierda de Ciudad”).

Stuart Garner, CEO de Norton Motorbikes en la tienda que tienen en el barrio del Born en Barcelona. Fotografía para la revista GQ.
Jorge Bravo en la galería que tiene en el barrio del Raval, Barcelona. Fotografía para la revista GQ.
Nickelson Wooster, profesional del mundo de la moda. Fotografía para la revista GQ.
Patrick Beach, profesor de yoga, en The Garage, el estudio que la modelo Verónica Blume tiene en el barrio del Paralelo, Barcelona.

Aunque muchos de los propietarios de estas nuevas tiendas orientadas a las clases creativas que están surgiendo en estos barrios se encuentran trabajando en los locales, también aparecen nuevas relaciones laborales de explotación. Atraídos por la posibilidad de nuevos negocios, grupos inversores abren sus propias tiendas y locales mientras contratan a los trabajadores por precios más bajos que los que obtendrían si el negocio fuera de su propiedad. Hace no mucho acudí a un restaurante de Barcelona que habían abierto recientemente para realizar unas fotografías (el fotoperiodismo no paga las facturas). El sitio había sido diseñado como marcan los nuevos cánones: una decoración recargada con una gran cantidad de muebles procedentes de anticuarios de todo el mundo e iluminación íntima. El diseño del local lo había realizado uno de los más cotizados estudios de la ciudad por petición de sus nuevos propietarios, una empresa de capital europeo que lleva varios restaurantes de la ciudad. Mientras esperaba en la barra al propietario, pude asistir a una charla entre un camarero y una camarera. El le estaba diciendo que no podía trabajar más allí, que con casi 40 años y dos niños, ni el salario ni el horario le permitían vivir dignamente. Así que mientras se explota a los trabajadores que realmente llevan el negocio, recortando salarios y aumentando los horarios de trabajo, no hay problema en gastarse una cantidad ingente en contratar a uno de los mejores diseñadores de interiores de la ciudad para que cree un espacio cool y moderno.

Las clases creativas sirven para hacer más “seguros” e “interesantes” estos barrios para clases con mayor poder adquisitivo, que inicialmente no se habrían planteado desplazarse a ellos. Así, estos diseñadores, publicistas, artistas, arquitectos y demás profesionales correrán también el riesgo de ser gentrificados por una población con todavía mayor poder adquisitivo.

Apostar por las clases creativas como motor de estimulación económica es aceptar el status quo de un sistema patriarcal basado en la explotación donde, como siempre, los que menos tienen son siempre los más perjudicados.

Interior de una tienda familiar en el barrio de Chinatown en Bangkok. Los discursos a favor de las clases creativas dejan de lado los trabajos tradicionales que son fundamentales para el desarrollo de nuestras sociedades.

Los discursos a favor de las clases creativas no cuestionan en ningún momento el porque de sus salarios más elevados ni la idea del trabajo en si en nuestra sociedad. Tampoco parece importarle porque hay trabajos fundamentales para la reproducción social, como los cuidados, realizados mayoritariamente por mujeres, que no son ni siquiera considerados como tales por no estar pagados. Apostar por las clases creativas como motor de estimulación económica es aceptar el status quo de un sistema patriarcal basado en la explotación donde, como siempre, los que menos tienen son siempre los más perjudicados. Todo justificado por la falsa idea liberal de que la riqueza gotea riqueza a su alrededor. Los mismos discursos de siempre para justificar el derecho de quien más tiene a seguir teniendo más pero ahora con un envoltorio creativo.

Trabajadores, Bangkok. Los discursos a favor de las clases creativas dejan de lado los trabajos tradicionales que son fundamentales para el desarrollo de nuestras sociedades.
 

Además, hay que tener en cuenta, tal como comentan Daniel Sorando y Álvaro Ardura en su libro “First we take Manhattan. Se vende ciudad”, que la apropiación de estos barrios marginados por las clases creativas es solamente un primer paso en el intento de seguir extrayendo beneficios del suelo. Las clases creativas sirven para hacer más “seguros” e “interesantes” estos barrios para clases con mayor poder adquisitivo, que inicialmente no se habrían planteado desplazarse a ellos. Así, estos diseñadores, publicistas, artistas, arquitectos y demás profesionales correrán también el riesgo de ser gentrificados por una población con todavía mayor poder adquisitivo.