EL CENTRO COMERCIAL
Centro comercial Siam Paragon, Bangkok

El centro comercial es un lugar creado única y exclusivamente para el consumo seguro y controlado, donde el visitante penetra en un universo pensado exclusivamente para obtener un rédito económico de su visita.

Con la deslocalización de las grandes industrias hacia lugares donde la producción es más barata, los trabajos en las ciudades se han desarrollado, cada vez más, alrededor del sector servicios.

Ante este panorama donde el ocio y el consumo son potentes motores económicos, la figura del Mall, el centro comercial, se alza como ideal capitalista de desarrollo. Un lugar creado única y exclusivamente para el consumo seguro y controlado, de espaldas a la ciudad, donde el visitante penetra en un universo pensado exclusivamente para extraer beneficio de su visita.

Estas enormes moles no solo transforman la fisionomía de las ciudades sino también su modelo productivo y de consumo y, en consecuencia, nuestra forma de relacionarnos con ellas.

Un buen lugar para observar estas transformaciones que supone el centro comercial lo encontramos en la ciudad de Bangkok. Con sus más de 160 centros repartidos por todo el territorio, desde los más modestos, con productos a precios más asequibles, hasta los más exclusivos ubicados en los barrios de moda y con estética futurista donde es posible comprar hasta coches de lujo de la marca Rolls Royce o Lamborguini.

Vista del  centro comercial  Emporium, Bangkok
Centro comercial Central Embassy, Bangkok

Estas “Catedrales” del consumo, construidas gracias a la inversión privada y de la mano de las administraciones que posibilitan su edificación y su modelo de negocio, no solo eliminan la vida de las calles trasladándola al interior, sino que también afectan a los negocios tradicionales de alrededor y a los consumidores.

Estas “Catedrales” del consumo, construidas gracias a la inversión privada y de la mano de las administraciones que posibilitan su edificación y su modelo de negocio, no solo eliminan la vida de las calles, trasladándola al interior sino que, también afectan a los negocios tradicionales que hay alrededor y a los consumidores.

De entrada, se realiza una gran construcción que, para ser rentabilizada, va a tener que cobrar un alquiler por el uso de sus espacios que no todo el mundo podrá pagar. Los pequeños comercios locales tendrán muy difícil el acceso a estas parcelas que serán ocupadas por empresas o transnacionales con mayor poder adquisitivo que puedan hacer frente a esta inversión inicial mientras, a su vez, suben los precios de sus productos o se aprovechan de la explotación internacional para rentabilizar dicha inversión. Productos que pagaremos las consumidoras.

Centros comerciales, Bangkok.

Ahora en lugar de tomar un café en un modesto puesto donde la propietaria es la que te sirve, podremos tomar uno en un vaso moderno de Starbucks, tres veces más caro, servido por trabajadoras contratadas con condiciones laborales precarias mientras los beneficios se los reparten los inversores de la compañía que no estarán realizando el trabajo. O quizás podamos encontrar prendas de ropa más baratas producidas gracias a la explotación internacional de países del sur global donde las condiciones laborales son más precarias y contra cuyos precios no pueden competir los productores locales.

Nos convertimos en vacas a las que no paran de ordeñar nuestro dinero mientras nos proyectan una ilusión de vida que no nos pertenece y de la cuál solo podemos participar consumiendo, comprando felicidad asociada a los productos tal y como la publicidad no para de enseñarnos que hay que hacer.

Construcción de residencias de lujo y del centro comercial Siam Icon, Bangkok.

Eso sí, todo dentro de un centro muy bonito y bien diseñado que esconde estas realidades, con guardias que garantizan nuestra seguridad para comprar, con restaurantes para comer si nos entra hambre y cines con palomitas y bebidas a precios de menú completo por si queremos distraernos de las tiendas. Todo esto bien protegidos del sol, la lluvia y el frío para no tener necesidad de interrumpir nuestro proceso de consumo. Nos convertimos en vacas a las que no paran de ordeñar nuestro dinero mientras nos proyectan una ilusión de vida que no nos pertenece y de la cuál solo podemos participar consumiendo, comprando felicidad asociada a los productos tal y como la publicidad no para de enseñarnos que hay que hacer.

Ruinas del mercado de Bang Chak, Bangkok.
Al fondo aparece uno de los edificios de lujo
que se están construyendo en la zona y
uno de los motivos de la desaparición del
mercado.
Una persona retira materiales aprovechables en el derruido mercado de Bang Chak, Bangkok.

Tal como dice Jorge Moruno: “El empleo continúa siendo un mecanismo de control social. Aunque de manera diferente que otrora, el empleo persiste en seguir moldeando y determinando la vida de las personas, no ya para mantener una cierta relación armoniosa entre el empleo y la vida, sino precisamente para su opuesto, para someterla en su escasez.”

Y mientras la construcción de Malls continua sin descanso en Bangkok, apropiándose de los mejores terrenos que pueden, como es el caso del lujoso centro comercial Siam, ubicado en una preciada orilla del río Wat Phraya, los mercados tradicionales como el de Bang Chak, son desalojados para usos más lucrativos del suelo que ocupaban mientras desplazan a sus trabajadoras. Lo mismo ocurre con el tradicional mercado de las flores que está viendo como limitan su tamaño mientras los centros comerciales se abren paso muy cerca de él. No obstante, como este mercado ha funcionado como un importante reclamo turístico, no lo eliminan del todo, para que siga así funcionando como atracción, como parte de la idiosincrasia de la ciudad que fue, utilizando así la imagen que construyeron sus trabajadoras para intereses ajenos a ellas.

Ruinas del mercado de Bang Chak y trabajadores recuperando materiales, Bangkok.

Tal como dice Jorge Moruno en su libro “La fábrica del emprendedor”: “El empleo continúa siendo un mecanismo de control social. Aunque de manera diferente que otrora, el empleo persiste en seguir moldeando y determinando la vida de las personas, no ya para mantener una cierta relación armoniosa entre el empleo y la vida, sino precisamente para su opuesto, para someterla en su escasez.”

Y mientras vemos como nos quitan el trabajo y precarizan a las nuevas empleadas todavía tendremos que escuchar como la culpa es nuestra por no haber sabido emprender y no adaptarnos a los cambios. Todo perfectamente montado. Un discurso ideal para culpabilizar a quien le están robando el trabajo, creando ideología entre la población, haciendo ver que quien más tiene es porque lo vale y no porque tenga dinero detrás que le permita seguir aprovechándose de quien no tiene. Así funciona el capitalismo y así justifica sus actos para intentar desactivar nuestras quejas.

Bang Chak, Bangkok.

El Parque Temático es otra forma de centro comercial, un espacio de ocio mediatizado por el consumo que gira en torno a las atracciones y donde se agrupan restaurantes, bares, fastfoods y tiendas para el disfrute familiar.

Lotte World, el parque temático indoor más grande del mundo, Seúl.

Otra modalidad de centro comercial más centrada en el ocio aunque con el mismo funcionamiento es el parque de atracciones. Un espacio de ocio mediatizado por el consumo que gira en torno a las atracciones y donde se agrupan restaurantes, bares, fastfoods y tiendas para el disfrute familiar. Es el caso de Lotte World, el mayor parque temático indoor del mundo. Construido en el año 1989 entre los bloques de edificios del popular barrio Sincheon-dong, Songpa-gu de Seúl, en Corea del Sur. Esta enorme construcción de 1 billón de dólares atrae al año alrededor de 8 millones de visitantes. Junto al complejo también hay un centro comercial y un hotel, ambas propiedades del grupo Lotte, un holding empresarial que posee empresas en sectores de la construcción, servicios y alimentación. Un pack completo de vida teatralizada a través del cuál extraer beneficios.

Interior del parque temático Lotte World, Seúl.