Como parte de mi trabajo “Capital City”, estuve fotografiando estos dípticos en Bangkok, con porteros de condominios para clases altas junto a los edificios donde trabajan. Dejó un pequeño extracto del trabajo:

“Ya sea en grandes mansiones con piscina, pista de tenis, gimnasio y jardín, en apartamentos ubicados en los barrios de moda o en condominios privados con zonas comunes interiores, protegidos y aislados del resto de la ciudad, las clases altas tienen la capacidad de escoger y vivir en las mejores y más mimadas zonas de la ciudad. O, si lo prefieren, también pueden instalarse en los centros históricos, inicialmente ocupados por clases trabajadoras tanto nacionales como de otros países, que las administraciones se han encargado de ir adecuando (léase vigilando, controlando y expulsando a sus habitantes originales) para que las nuevas clases puedan disfrutar de, tal comentaba Manuel Delgado en su libro La ciudad mentirosa: fraude y miseria del modelo Barcelona, “periódicas inmersiones en ambientes de multiculturalismo bien temperado”.

En un mundo donde la capacidad de elección viene determinada por el poder adquisitivo de las personas, quienes más tienen, siempre podrán elegir por delante de los demás. Da igual que su dinero venga de especular con la vivienda, de ayudar a empresas a evadir impuestos, de vender productos financieros tóxicos a personas que no saben como funcionan, de mejorar la “productividad” a costa de recortar derechos de las trabajadoras, de privatizar empresas publicas para beneficio de unos pocos o de promover una sociedad donde el bienestar individual y colectivo esté asociado al consumo tal y como hace la publicidad… Aunque tus ingresos provengan de trabajos que crean una sociedad más injusta, si tienen más beneficios, tu vas a poder escoger por encima del resto, porque el objetivo del capitalismo es obtener un mayor rédito económico y no crear sociedades más justas e igualitarias.”