SONGDO CITY

“Songo International Business Disctrict (Songdo IBD) es una ciudad de 35 billones de dólares, inteligente y sostenible, que está estableciendo nuevos puntos de referencia para el desarrollo urbano” Así describen desde la web oficial a esta ciudad ubicada a unos 60km de Seúl, capital de Corea del Sur.
La historia de la ciudad empieza en 2001 cuando una colaboración publico-privada formada por la empresa Gale International, su socio doméstico POSCO E&C y el gobierno de Corea del sur a través de la Incheon Metropolitan City, deciden construir un distrito de negocios en la bahía de Incheon, al lado del aeropuerto internacional. La idea era aprovechar el aeropuerto, considerado durante 10 años (2005-2014) como el aeropuerto con mejor calidad de servicio del mundo y uno de los que mayor volumen de pasajeros y mercancías tiene y crear un zona de negocios que potencie la economía y que sirva de punto de conexión en el Nordeste asiático. Además incluyen, tanto a la ciudad como al aeropuerto, en la IFEZ (Incheon Free Economic Zone) una zona con tributación especial (especialmente baja se entiende) y una menor regulación pensada para atraer inversión extranjera y convertirse en un importante centro de negocios.
Songdo es concebida y construida como una Smart City, o “ciudad inteligente”, un concepto muy de moda usado para definir ciudades con soluciones tecnológicas para su desarrollo diario. Dispone de un centro de control, el U-City, desde donde se monitorizan y controlan los sistemas de transporte, vigilancia, servicios de información a sus habitantes,… también dispone de un sistema neumático de recogida de basuras y sus edificios presumen de ser sostenibles y reducir su impacto en el medio ambiente. Básicamente son ciudades que han adaptado las nuevas tecnologías para ser un poco más eficientes.
No obstante, el concepto Smart City juega un papel mucho más importante en el marketing de la ciudad. En un mundo donde el concepto de lo tecnológico está asociado a ideas positivas como modernidad, eficiencia o hasta sostenibilidad, el título Smart City ya tiene ganado ese plus de atracción, permitiendo avanzar posiciones en el mercado internacional donde las ciudades “luchan” para atraer inversiones y visitantes.
A pesar de los esfuerzos de los promotores por llenar la ciudad esta se parece más a una ciudad apocalíptica donde todo rastro humano ha sido borrado de las calles que a un lugar idílico al que ir a vivir. Centros comerciales cerrados o con muy poca gente, zonas de trabajo prácticamente vacías, sin coches en sus parkings, pistas de deportes sin nadie entrenando en ellas, el famoso museo Tri-Bowl cerrado y la torre NEAT, el rascacielos más grande del país que parecía no tener visitantes. Las pocas personas que se pueden ver se agrupan en alguna cafetería solitaria o te las cruzas en la lejanía de esas grandes avenidas que no facilitan el contacto humano. Las periferias de Songdo, donde se estaban construyendo más edificios de viviendas, también parecían zonas fantasma, con parques vacíos, calles sin gente y carreteras muy poco frecuentadas. Ante este paisaje era imposible no acordarse de lo que dijo Jane Jacobs, la activista que luchó contra los grandes planes de renovación urbana en Nueva York durante los años 50: “Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste”.
Con este derroche de dinero y trabajo humano gastado para crear Songdo cuesta de imaginar que a pocos kilómetros de aquí, cerca del centro de Seúl, todavía exista un barrio de chavolas como Guryong Village, poblado en su mayoría por gente mayor que no ha conseguido beneficiarse de la riqueza que ayudaron a crear. Y es que las ciudades inteligentes no han sido pensadas para personas pobres. La inteligencia se ha puesto al servicio de la extracción de beneficios en operaciones inmobiliarias y claro, de la pobreza cuesta extraer beneficios, por eso no tiene cabida en estas ciudades donde los alquileres y los precios de compra de las viviendas son inaccesibles para una gran parte de la población. Así las ciudades inteligentes como Songdo, creadas de la nada, nacen segregando. Eso sí, con internet de alta velocidad en el metro y vedeoconferencias en sus colegios. Paradojas que muestran las “Smart Cities” y que hasta Hollywood vaticinó ya hace tiempo en la película Demolition Man, donde los ricos viven en una ciudad supuestamente idílica y muy parecida a la idea de Smart City que actualmente nos venden, mientras el resto de la población se ve confinada a las cloacas.
Ya lo decía David Harvey en su famoso libro Ciudades Rebeldes “la urbanización del capital presupone la capacidad del poder de clase capitalista de dominar el proceso urbano. Esto implica la dominación de clase capitalista, no solo sobre los aparatos del estado, sino también sobre toda la población: su forma de vida así como su capacidad de trabajo, sus valores culturales y políticos así como sus concepciones del mundo” Veremos si la población de Corea del Sur consigue darle la vuelta y hacer suya la ciudad, democratizando tanto el acceso a ella como su futuro diseño.
Febrero 2016