CAPITAL CITY // SMART CITIES

Web del Proyecto www.capitalcity.es

“Songo International Business Disctrict (Songdo IBD) es una ciudad de 35 billones de dólares, inteligente y sostenible, que está estableciendo nuevos puntos de referencia para el desarrollo urbano” Así describen desde su web oficial a esta ciudad ubicada a unos 60km de Seúl, capital de Corea del Sur.

Songdo es concebida, construida y vendida como una Smart City, o “ciudad inteligente”, un concepto muy de moda usado para definir ciudades con soluciones tecnológicas para su desarrollo diario. Dispone de un centro de control desde donde se monitorizan y controlan los sistemas de transporte, vigilancia y servicios de información a sus habitantes. También dispone de un sistema neumático de recogida de basuras y sus edificios presumen de ser sostenibles y reducir su impacto en el medio ambiente. Básicamente son ciudades que han adaptado las nuevas tecnologías para ser un poco más eficientes.

No obstante, el concepto Smart City juega un papel mucho más importante en el marketing de la ciudad. Tal como señala José Mansilla, del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) “Lo primero que hay que decir es que el concepto Smart City es, antes que otra cosa, una estrategia de marketing urbano, es decir, un relato construido y diseñado para “vender la ciudad”. En un mundo donde el concepto de lo tecnológico está asociado a ideas positivas como modernidad, eficiencia o hasta sostenibilidad, el relato de la Smart City tiene mucho ganado, permitiendo avanzar posiciones en el mercado internacional donde las ciudades compiten para atraer inversiones y visitantes.

En 2005, el masterplan de la ciudad, realizado directamente en los despachos de los promotores, está listo para llevarse a cabo y se empieza la construcción, convirtiéndose en una de las operaciones inmobiliarias más ambiciosas del mundo.

Con todo este derroche de dinero y trabajo humano cuesta imaginar que a pocos kilómetros de allí, cerca del centro de Seúl, todavía exista un barrio de chavolas como Guryong Village. Y es que las ciudades inteligentes no han sido pensadas para personas en situación de pobreza. La inteligencia se ha puesto al servicio de la extracción de beneficios en operaciones inmobiliarias y, como de la pobreza cuesta más extraer beneficios,  no tiene cabida en estas ciudades donde los alquileres y los precios de compra de las viviendas son inaccesibles para una gran parte de la población. Así las ciudades inteligentes como Songdo, creadas de la nada, nacen segregando. Eso sí, con internet de alta velocidad en el metro y vedeoconferencias en sus colegios.

Otro ejemplo de cómo se usa el discurso de la Smart City lo podemos encontrar en la ciudad de Barcelona, en el distrito 22@. Este se creó al recalificar terrenos destinados a suelo industrial en el barrio de Poblenou para que albergaran empresas basadas en la economía del conocimiento y en las nuevas tecnologías que pudieran promover una recuperación económica. Se usó aquí el discurso de las Smart Cities para justificar una intervención urbanística por parte del ayuntamiento de Barcelona y acorde a los intereses de la empresa privada que afectó a 198 hectáreas de terreno, siendo una de las mayores transformaciones de la ciudad. Mientras las vecinas veían como sus instalaciones de uso común como escuelas, guarderías, bibliotecas o casales de jóvenes quedaban desatendidas, se construían por todo el distrito enormes edificios inteligentes que nada tenían que ver con el entorno mientras se esperaba la llegada de los nuevos y cotizados profesionales de las industrias del conocimiento.

Otra de las formas en que Barcelona ha utilizado el discurso de las ciudades inteligentes es mediante la creación de eventos como el Mobile World Congress. De nuevo, José Mansilla comenta “tras esto no se oculta más que la enésima etiqueta tras la que esconder la búsqueda incesante de la atracción de capitales. La diferencia con casos anteriores es que aquí ya no intervienen grandes empresas relacionadas con el urbanismo o el desarrollo inmobiliario, sino aquellas vinculadas a las nuevas tecnologías como CISCO o Telefónica (March y Ribera-Fumaz, 2014).”

Mientras se vende entre la población este discurso elitista e innovador que deberá beneficiar a todo el mundo, se oculta la realidad especuladora que es el fin último de esta forma de hacer y, de paso, se crean y justifican categorías laborales donde los profesionales de las economías del conocimiento y la tecnología aparecen como dignos merecedores de mayores salarios que, solamente lo son en la medida en que sirven a determinados intereses.