CAPITAL CITY // TURISMO

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En las ciudades actuales, el turismo se ha convertido en una de las industrias que más dinero mueve y, por tanto, de las más interesantes para la inversión. Según datos del World Travel & Tourism Council (WTTC) la industria mueve un total de 7,2 trillones de dólares al año, el 9,8% del PIB mundial, y genera 284 millones de puestos de trabajo, lo que supone que 1 de cada 11 personas que trabajan en el mundo lo hacen en este sector. Además ha estado creciendo los últimos 5 años (según datos del 2015) a un ritmo del 2,8%, por encima del 2,3% de promedio de la economía mundial y se prevé que siga creciendo en los próximos años.

Ante este escenario, las ciudades compiten entre ellas para atraer más turistas que el resto y tratan de potenciar sus particularidades, sus edificios o templos históricos singulares, sus nuevas construcciones, las actividades culturales, las fiestas,… cualquier característica que pueda hacer resaltar a una ciudad sobre el resto es ofrecida en los folletos turísticos, mercantilizada y usada así, como promoción para intentar sacar un rédito económico de ella.

Esta afluencia de turistas en las ciudades tiene importantes consecuencias en su desarrollo. Los barrios van viendo como sus tiendas de toda la vida desaparecen y dejan paso a negocios orientados a estos nuevos visitantes como tiendas de souvernirs, fastfoods, puestos de alquileres de bicicletas o motos para visitar la ciudad, agencias de viajes, mercados convertidos para el consumo del turismo donde, los puestos tradicionales se reducen dejando paso a tiendas delicatessen o gastrobares,…y una cantidad enorme de hoteles, hostels y, como no, pisos turísticos que contribuyen al incremento del precio de la vivienda.

Ante esta situación, la población local, que ha creado las particularidades que hicieron atractiva la ciudad para los turistas, se ve forzada a desplazarse a la periferia (gentrificación) mientras deja tras de si el esqueleto de un barrio que ya no es, pero que sigue funcionando para obtener beneficios. Al menos por el momento, porqué tal y como señala David Harvey al hablar sobre la tematización de las ciudades “Cuanto más se disneyfica (…), menos única y excepcional es. La insulsa homogeneidad que acompaña a la pura comercialización borra las ventajas del monopolio”. Lo que vendría a suponer que a la larga, estas ciudades dejaran de destacar sobre las demás, serán copias unas de otras que no aportaran nada al visitante porque, lo que hace a una ciudad única, con sus muchas contradicciones y luchas, es la vida que le dan las personas que el capitalismo no para de exprimir.

A pesar de los enormes beneficios generados por el turismo, estos no recaen sobre las clases trabajadoras sobre las que se sustenta esta industria, como debería ser y como pretenden vendernos, sino sobre los directivos y accionistas de las empresas así como los rentistas inmobiliarios. Las personas que trabajan como cocineras, camareras, recepcionistas,… por el contrario, tienen que vivir con salarios y condiciones laborales precarias. En España, “Las Kellys”, asociación de camareras de piso que limpian hoteles, hartas de la explotación a la que están sometidas mientras no paran de escuchar lo mucho que el turismo beneficia a la economía, se han unido y plantado cara a los grupos hoteleros. Entre sus últimas reivindicaciones, se quejan de la externalización de los servicios, de los bajísimos salarios (2€ o menos por habitación), de la inexistencia de planes de seguridad e higiene en el trabajo, de las deficientes condiciones de prevención de riesgos, de la imposibilidad de que las mutualidades laborales reconozcan como enfermedades profesionales ciertas dolencias, del abandono total de las administraciones a sus problemas, del incremento de horas de trabajo sin gratificación alguna, de la imposibilidad de conciliar la vida familiar y de la degradación total del empleo, consecuencia de la reforma laboral.

Una auténtica lucha de clases tanto a nivel laboral como a nivel de ciudad.